Era domingo, no recuerdo el dìa exactamente, habíamos salido mis padres con mi hija hacia el centro comercial màs cercano a realizar unas compras, y estábamos viendo las nuevas edificaciones que se habían construido recientemente en Barranquilla, mi ciudad.

En estos momentos, mi tierra, esta pasando por una etapa de desarrollo a nivel industrial y hay muchas personas que se han venido a vivir por cuestiones de trabajo, de ahí el auge en la construcción, que es algo bueno porque aumenta la demanda de empleo y es una entrada que muchas familias necesitan en estos momentos.

Papà estaba hablando de que la mayoría de estos apartamentos y casas, tenían unos precios altos, y que solo personas con buenas entradas podían darse esos lujos y a pesar de todo debían tener ingresos por encima del sueldo de cualquier empleado de oficina o profesional.

Mi hija dijo algo así como que no importaba que tan grande o hermoso fuera un lugar para vivir, si no era compartido con personas a las que nos uniera el amor pues ninguna felicidad habría, solo la adquisición de algo material.

Bajando por una de las vías principales tuvimos que detenernos porque era preferencial para vehículos, y en ese momento vimos atravesar una carretilla  en bajada, ocupada por un Señor y dos pequeños cuyas sonrisas nunca olvidare, era como si estuvieran descubriendo el mundo y había una alegría en ellos, como si estuvieran paseando en el carro màs lujoso del mundo, uno de ellos agito la mano e hizo la seña de espera a mi padre, y siguió sonriendo como diciéndole : aguanta primero vamos nosotros.

Recuerdo que mi padre manifestó: “Que hermoso, aun en lo poco son absolutamente felices. Nada les falta en este momento, comparten con su padre un dia de trabajo y a la vez disfrutan de la alegría de un dia bien vivido, que para ellos es un juego”

 

No olvidare ese instante porque pude sentir la alegría saliendo por los poros de esos niños, y solo iban deslizandose en una caja de madera que tenia cuatro ruedas y que era manejada por el padre, un improvisado carro para recoger papeles, cartones que luego venderían para conseguir el alimento de ese dìa, y a pesar de lo dificil de su situaciòn desde nuestra óptica, para ellos, ese dìa era absolutamente especial.

Estoy convencida de que todos de alguna manera buscamos ser felices en nuestra propia cotidianidad,  pero en la mayoría de las ocasiones, aun teniendo màs de lo que muchos otros seres tienen, no valoramos ese regalo.


Por eso ese dìa, cuando vi la caras de esos pequeños, rebosante de ternura y perplejidad que gozaban de una carrera frente al viento en un vehículo improvisado realizado por las manos de su padre, sin importar sus circunstancias,  eran felices, apreciaban ese momento, para ellos era una cosa buena que la vida les brindaba, y fueron ellos los que me hicieron apreciar màs lo que la vida me estaba dando a mi hija y a mi y pude disfrutar durante el resto del dia de la mayor paz.

Como dice el refrán, con la alegría de esos niños pude  ver mi vaso medio lleno en lugar del vaso medio vacío, como lo había visto desde hacia unos meses atrás.

La felicidad es una opciòn de cada uno de nosotros, y solo basta elegir serlo para que en cada lugar donde nos encontremos, en cada respiración con la que nos unamos a la vida, podamos encontrarla, son esos instantes, los que nos llenan de armonía y nos reconcilian con la vida, porque aprendemos que en lo poco o en lo mucho no esta la felicidad, sino en saborear el instante que estamos viviendo plenamente, con todas las ganas de saber que estamos allí.

DIOS TE BENDIGA.


SOY AMADA POR MI CREADOR,
El  ESTA EN MI CORAZON
SOY UNA CON EL

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